ב"ה
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Iaakov —quien daría su nombre a nuestro pueblo— tuvo que escapar de la Tierra de Israel, perseguido por su hermano Esav, que le había jurado la muerte. Llegó a Jarán sin nada, literalmente con lo puesto. Allí trabajó para Labán, un hombre corrupto y aprovechador. Contra todo pronóstico, construyó su familia y, después de 22 años, partió con grandes riquezas y una familia numerosa.
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La Torá enumera los 42 viajes del pueblo de Israel por el desierto, enseñándonos que cada etapa de la vida tiene un propósito. El crecimiento espiritual no consiste solamente en llegar a la meta, sino en animarnos a salir de nuestra zona de confort y aprovechar cada paso del camino para acercarnos a nuestro verdadero destino.
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¿Por qué el Shabat previo a Tishá BeAv se celebra con mayor alegría que un Shabat común? La respuesta revela una profunda enseñanza sobre el exilio, la redención y la forma en que enfrentamos las pruebas de la vida.
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